sábado, 19 de mayo de 2012


Echándole un paseo a su memoria soltó de la mano al tiempo y se perdió entre los huecos vacíos que ésta le ofrecía. Caminaba como una turista sin mapa en un país que no es el suyo entre rostros y sonrisas desteñidas que se le antojaban cálidas, aunque algunas amargas. Reconoció manos que acariciaban sus cabellos, y se reencontró con viejos amigos que hace mucho marcharon con el viento del norte. Tomó café en bares con cuadros de lugares por los que le gustaría volver a pasear. Y su corazoncito se encogió en dolor al ver rincones blancos en los que nadie sabe que había antes allí. Continuó avanzando sintiendo la arena en sus pies. Y decidió darse un baño en el mar de las emociones, entonces su vista comenzó a nublarse, y su piel sintió cosquilleos que ya había olvidado. Y más ligeras que la última vez, y más cálidas, bajaban sin prisas las lágrimas por sus mejillas. Se tiró en el césped suave y húmedo, y contempló con armonía la lluvia soleada que aquella madrugada le ofrecía. Las estrellas la despedían una a una. Entonces el tiempo volvió a tomar su mano, y sus ojos se abrieron de improvisto. Y ya no estaba en aquel césped. Ni en aquella madrugada. Ni bajo aquella lluvia soleada.
Se descubrió arropada con una manta, hecha un ovillo en su tejado, con una copa a medio beber de vino, y la cara húmeda. Miró entonces hacía arriba, y estrellas desconocidas la observaba. Se recordó entonces que nunca miraba el mismo cielo. Que cada anochecer un nuevo cielo la despedía, igual que cada amanecer la saludaba otro nuevo. Se recordó entonces que el mundo jamás dejaba de girar, que el universo nunca dejó de cambiar. Que tal vez, y tal vez ni eso, lo único que se mantuvo igual fue aquella copa a medio beber de vino que le hacía compañía aquella solitaria noche. Por que ni ella misma se había detenido nunca. Por que ella nunca dejo de cambiar, y posiblemente nunca dejo de avanzar. Aunque ella apenas notaba el cambio ya, aunque ella ya no veía el avance. Se sonrío así misma, y se río de si misma. Terminó aquella copa de vino y volvió a tumbarse, y continuó mirando aquellas estrellas no tan desconocidas ahora. Se preguntó, por qué si todo avanzaba sin posibilidad de detenerse, por qué tantas veces nos sentíamos retroceder. Por qué, si todo cambiaba a cada minuto, nosotros nos sentíamos estancados, aprisionados, encarcelados. 

sábado, 28 de abril de 2012

Avanzamos. Cambiamos. Y nos quedamos en el mismo sitio. Le temes a la lluvia. Al agua que bebes cada despertar. Te da miedo pisar tierra porque te ensucias. Pero te importa un carajo sentarte en una silla plástica en tu oficina perfecta. Le temes a tus sueños. Pero adoras ver la televisión y que te laven el cerebro. Te horroriza el mendigo que está en la esquina de tu edificio. Pero adoras ver tu cartera llena de papel y metal.


Pero dices que te dan asco los políticos, y que hay mucha injusticia en el mundo. Y te indignas al ver los documentales en tu cómodo sofá de cuero negro. Por que pobre gente, que mal lo está pasando. No tienen casas por esa horrible inundación. Y le das un sorbo a tu vaso con whisky. Y dices que los bancos son despreciables, pero te encanta visitarles de vez en cuando y que te digan que tu cuenta está de puta madre y que tus ingresos han aumentado. Y ese mendigo, que asco que te da. Que mueva su culo y trabaje. Pero tú no le das un euro de tu billetera de piel recién comprada y olvidas que es Persona, como tú.
Te irrita encender la televisión y sólo ver programas de cotilleos y banalidades varias. Pero te plantas frente a tu televisor de pantalla plana a ver el telediario.


Detente por un instante, mi pobre cabeza hueca perdida en este mundo. Detente. Párate y mira, piensa y siente. Te aburre toda esa gente que te rodea...Te molesta. Pero resulta que tú eres igual que ellos. Que no ve el juego, por que está en el mismismo centro. Olvidas lo que es persona por cuatro billetes pintados. Abandonas tus sueños para escuchar el guión de alguien que se vendió por más billetes que los que tu cartera guarda. Piensas que los mendigos son la escoria de la sociedad, por que no viste el momento en el que la sociedad le dio la patada, le señaló y dijo: "ya no nos sirves."
Paseas sobre tierra que ha sido sepultada por asfalto, dentro de tu ferrari, y ni por un instante te planteas lo que  es caminar sobre hierba con los pies desnudos.

Tu corazón fue encadenado, y tu razón domesticada. Y ahora tu eres la mascota de tu jefe, y te guías por el que dirán, y bailas al compás de la sociedad. Y no eres consciente de nada. Sigues pensando que eres superior al resto, cuando posiblemente, seas uno de los inferiores. Piensas que tu coeficiente intelectual está por encima de aquel mendigo de la esquina, y que estás increíblemente más avanzado que él. Cuando la realidad mi amor, es que posiblemente él avance a pasos más agigantados que los tuyos.
Te da miedo la lluvia. Te da miedo el agua. Corres y te escondes en tu ferrari para correr a tu apartamento y esconderte entre las sabanas de seda de tu cama... Y mi cielo, no entiendes que de lo que huyes es de agua. De agua. Agua que bebes, agua que te limpia. Agua que te da la vida. Agua que compras en el supermercado. Agua que lloras.

jueves, 12 de abril de 2012

Café, cigarrillo y billete de ida, por favor

Aspiro a embarcarme en un viaje a la evasión. Aspiro a deshacerme de tu recuerdo, de tus engaños y tus mentiras. Aspiro a librarme de los suspiros que me arrancabas, a olvidarme del roce de tu piel. Aspiro a liberarme del embrujo de tus miradas y tu sonrisa.

Este viaje tan solo es para una persona. Este viaje tan solo es de una dirección. Tu rostro se salpica de dolor y confusión. Y yo le doy un pequeño sorbo a mi café. Tus labios se entreabren y tus ojos buscan los míos. Pero mi mirada anda perdida tras tu espalda y le doy una dulce calada a mi cigarrillo.

Busco perderme en nuevos caminos. Alargas tu mano hacia la mía, pero mi mano busca la taza de café. Y a ti eso te duele. 
Siéndote sincera te confieso que el dolor de tu rostro no alcanza mi corazón. Y termino mi café y anuncian mi tren. El cigarrillo se consume entre mis dedos, observas como se deshace en humo y termina en cenizas. ¿No te recuerda a los últimos días de nuestra historia? Abandono el cigarrillo en el cenicero. Y desde el andén me observar iniciar el viaje del que tú no formas partes.

El ronroneo del tren comienza, y mientras mi mirada se pierde en el paisaje, tu recuerdo queda atrás junto con ese café y ese cigarrillo.


Y aunque volviera a ver las luces de tu voz no volvería atrás.